domingo, 23 de octubre de 2011

♣ MUERTE DE RECIÉN NACIDOS POR FALTA DE ATENCIÓN Y ENFERMEDADES CURABLES NO SE RESUELVE EN EL PERÚ


Son los angelitos. Así se llama popularmente a los recién nacidos que fallecen de manera prematura. Ocurre incluso que en zonas rurales y alejadas, sobre todo indígenas de la sierra y selva del Perú, ni siquiera se les pone un nombre hasta los dos meses de vida y los padres mantienen cierta distancia afectiva. Esto sirve para amortiguar el golpe de la pérdida. Un dolor que trasciende al del parto. Una realidad tan dura como conmovedora.
Cada año mueren en nuestro país aproximadamente 6.000 bebes antes de cumplir el primer mes de vida, según Unicef. “Si se tratase del número de víctimas por accidentes de tránsito, la cifra sería considerada por todos como un escándalo”, recalca Paul Martin, representante de esa institución en el Perú. A pesar de que la mortalidad infantil (en el primer año de vida) se ha reducido en un 64% durante las últimas dos décadas, faltan avances en cuanto a la mortalidad neonatal (entre los 28 y 30 días de nacido). Y no podemos olvidarlo.
El informe “El Estado de la niñez en el Perú” (2011) resalta que en los últimos 15 años estas muertes han disminuido de 24 a 11 por cada 1.000 recién nacidos. Sin embargo, hay lugares donde, por cuestiones culturales o por dificultad de acceso a servicios de salud, los fallecimientos no se registran. La tendencia mundial sentencia que el 25% del total de muertes en la niñez (hasta los 5 años de vida) sucede durante el primer mes.
Aquí algunas cifras a nivel regional en torno a la mortalidad neonatal: Bolivia (22 muertes por cada 1.000), Brasil (12 por cada 1.000), Colombia (12 por cada 1.000), Ecuador (11 por cada 1.000) y Chile (5 por cada 1.000).
“Las consecuencias en el Perú son previsibles”, sostiene Martin, quien agrega que es preciso educar a los padres, a las comunidades y a los municipios, pero también reforzar el sistema de salud con capacitaciones y equipamiento. Las criaturas, por lo general, encuentran la muerte a la hora del parto o por deficiencias en las primeras atenciones. El estado de salud de la madre, el frío extremo, las reacciones tardías en situación de riesgo y la falta de higiene son aspectos que influyen.
BRECHA SOCIOECONÓMICA
Giovanna García es de Curahuasi (Apurímac). Hace cuatro años perdió a su niña. “Me dijeron que le dio alergia al viento”, recuerda. Lamentablemente, son las familias hundidas en la pobreza y la pobreza extrema las más expuestas. Loreto (21 muertes por cada 1.000 recién nacidos), San Martín (20 por cada 1.000 ), Puno (19 por cada 1.000) y Cusco (17 por cada 1.000) son los lugares con mayor incidencia de casos de acuerdo con el Ministerio de Salud (Minsa). Cifras que, comparadas con Lima (8 por cada 1.000), evidencian la desventaja de las zonas rurales frente a las urbanas.
Otro factor que llama la atención es el idioma. En mujeres cuyas lenguas maternas son nativas el porcentaje de partos y controles prenatales atendidos por profesionales de salud disminuye mucho. “La información y capacitación en su lenguaje es precaria”, explica Martin. Hecho que resulta dramático e injusto en una nación pluricultural como la nuestra.
METAS Y DESAFÍOS
“Aquí me siento más segura, estoy a media cuadra del centro de salud”, comenta Yanelly Calderón. Ella vive en Concacha Alta, caserío situado a hora y media de Curahuasi. Hace una semana se ha instalado en la casa de espera materna de esta localidad ubicada entre Abancay y Cusco. Como la de Curahuasi, existen 435 de estas casas regadas por el país para albergar y cuidar a mujeres a punto de dar a luz. Gracias a su creación, el número de muertes materno neonatales ha decrecido.
Los especialistas de Unicef sostienen que es responsabilidad del Minsa velar por el bienestar de madres e hijos. Afirman, a su vez, que el Mimdes debe desarrollar programas sociales que revaloren la importancia del recién nacido. “El Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social debe tener un enfoque en la familia y la comunidad”, sugiere Martin.
“No se ha avanzado tanto en materia neonatal como en mortalidad infantil”, admite Carlos Acosta Saal, director general de Salud de las Personas del Minsa. Según él, esto se debe, en parte, a una debilidad en la capacidad de gestión y ejecución del Tesoro Público a cargo de los gobiernos regionales. Vale recalcar que el presupuesto para el Programa de Salud Materno Neonatal se duplicó en el 2011 en cerca de S/.900 millones. A pesar de ello, la mayoría de regiones solo ha utilizado entre el 50% y 60 % del monto.
Se estima que por cada criatura que muere, 5 o 6 sobreviven. El roce con la muerte, sin embargo, también tiene un costo para aquellos futuros peruanos; capacidades y salud endebles. Ya con un nuevo ministerio, qué más esperamos para empezar el cambio.
http://www.unicef.org/peru/spanish/

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