miércoles, 22 de octubre de 2008

CUENTO. PARA EL PLAN LECTOR: EL FANTÁSTICO AGUAJAL

Por Carlos Villacorta V. EL FANTÁSTICO AGUAJAL (Cuento) El aullido de los perros que la distancia devoraba, llegaba a los oídos de un pensativo Tomás, como un arañazo de malagüero. Los sonidos del bosque como dulces trinos de fantasía musical. Y, un airecillo tropical azotaba sus lacios cabellos, levantándolos ligeramente. Silencioso avanzaba por un angosto camino. Ya presentía el aguajal por toda su piel. El olor a cocha y pantano le estrellaba suavemente a través de los hilos finísimos del airecillo tropical que cada vez eran más aromáticos, con ese olor silvestre de aguaje fresco y ácido, que sólo los aguajeros lo pueden percibir de los aguajales. De pronto se abrió ante su vista, un impresionante y fantástico bosque de árboles de aguaje. -¿Alguna vez alguien ha visto algo semejante?- Se preguntaba Tomás. Se paró un instante, cerró los ojos y las abrió lentamente para comprobar si era cierta tanta maravilla. Ahí estaba, exuberante, inmensos racimos de color marrón oscuro amarillento de los aguajes. ¡Qué cosa! ¡No puede ser! Un pavoroso escalofrío, un hielo macabro de inmediato recorrió por sus asustadas venas. La dicha se transformó en un angustiante y plomizo miedo. -¿Será un engaño del maldito pies torcidos? Pensó y pensó. Le vino a la mente tantas desgracias sucedidas por esta causa: Locos, tarados, ciegos, chejos, muertos en vida deja el chullacchaqui burlón a los distraídos solitarios que se dejan llevar por su melifluo poder engañoso, entra a nuestra mente y nos lleva donde quiere. Pensó en la Juana y sus hijitos, sus amigos, sus vecinos, lo malo que se porta a veces. -¡No! ¡No puede ser! Estoy viendo con mis propios ojos. Ahora debo tocarlos- Tomás caminaba, caminaba y caminaba, se agitaba desesperado queriendo coger los aguajes que parecía tenerlos a la mano, pero éstos se alejaban, se alejaban y se alejaban con la sutilidad de estar siempre quietos. Por fin llegó, los cogía, los abrazaba, los ponía en la cara, daba vueltas de contento por uno y otro lado. Ran, sintió que los aguajes le quemaban las manos, el aguajal lanzaba rayos luminosos. Una lluvia de fuego cayo sobre su cabeza y una hilarante risotada con sonido de lejanía fue lo último que escuchó. Lanzó un chillido agónico como aullido y se perdió en el remolino de su mente. Se cubrió la cabeza con las manos y cerro los ojos para soportar las miles de hinconantes espinas que inclementes sentía que se le clavaban en el cerebro, y cayó como un tronco. Dice la gente, que cuando escuchan un aullido hilarante en el fondo del bosque, es que alguien ha sido atrapado por el poder mentiroso del shapingo. El shapingo, es nuestra propia mente que nos atrapa en la soledad cuando no la alimentamos con buenas lecturas, terminó diciendo el maestro, al concluir la narración de su cuento: El fantástico aguajal. Un suspiro hondo se dejó sentir en el aula y a lo lejos, en las profundidades de la Selva, el silbido de un lastimero aullido se dejo oír. Nadie lo escuchó. Sólo Tú.

1 comentario: